Riega el Filodendro cuando las dos a cinco centímetros superiores de tierra se hayan secado, lo que suele ocurrir aproximadamente una vez por semana en primavera y verano. Deja que el Filodendro se seque más entre riegos en otoño e invierno, regando cada diez a catorce días a medida que el crecimiento se ralentiza. El Filodendro prefiere una tierra uniformemente húmeda pero nunca encharcada, así que vacía el agua que quede en el plato después de unos quince minutos. Las hojas inferiores caídas o amarillas en un Filodendro suelen indicar exceso de riego más que falta de agua. En caso de duda, espera un día más, porque el Filodendro tolera mejor un breve período de sequía que las raíces empapadas.
El Filodendro crece mejor con luz brillante e indirecta cerca de una ventana orientada al este o al norte. El Filodendro tolera la luz media y baja, aunque los tallos se alargan y las hojas crecen más pequeñas y separadas. Mantén el Filodendro alejado del sol directo e intenso de la tarde, que puede quemar y decolorar el follaje. Si un Filodendro se inclina mucho hacia la ventana, gira la maceta un cuarto de vuelta cada semana para que crezca de manera uniforme. Las hojas nuevas pálidas y descoloridas en un Filodendro suelen indicar que la luz es demasiado intensa, mientras que los largos espacios desnudos entre hojas indican que es demasiado tenue.
La referencia citada indica que el Filodendro (Philodendron) es tóxico para gatos y perros; la ingestión puede causar irritación bucal, ardor intenso de la boca y la lengua, salivación, vómitos y dificultad para tragar. La toxicidad del Filodendro se atribuye a los cristales insolubles de oxalato de calcio presentes en todos los tejidos de la planta. Mantén el Filodendro fuera del alcance de gatos y perros, ya que incluso masticar una hoja puede provocar estos síntomas. Si se sospecha que un gato o un perro ha masticado o tragado cualquier parte de un Filodendro, comunícate de inmediato con un veterinario o con una línea de control de intoxicaciones. Esta referencia describe lo que informa la fuente sobre el Filodendro y no certifica la planta para ningún hogar.
Planta el Filodendro en una mezcla suelta y de buen drenaje, como tierra para macetas enriquecida con corteza, perlita o fibra de coco. Elige para tu Filodendro una maceta con orificios de drenaje para que el exceso de agua pueda salir libremente. Trasplanta un Filodendro cada uno o dos años, o cuando las raíces den vueltas en el fondo o salgan por los orificios de drenaje. Pasa el Filodendro a un recipiente solo dos a cinco centímetros más ancho, porque una maceta demasiado grande retiene exceso de humedad alrededor de las raíces. El mejor momento para trasplantar un Filodendro es en primavera o a principios de verano, durante el crecimiento activo.
Las hojas amarillas en un Filodendro suelen indicar exceso de riego, mientras que los bordes marrones y crujientes sugieren que el aire es demasiado seco o que la tierra estuvo seca demasiado tiempo. Las manchas marrones en el follaje del Filodendro pueden aparecer tras la exposición al sol directo o a corrientes frías de una ventana o puerta. El crecimiento espigado y escaso indica que un Filodendro necesita luz más brillante e indirecta. Inspecciona el Filodendro con regularidad en busca de arañas rojas, cochinillas y pulgones, y limpia las hojas o trátalas con jabón insecticida si aparecen plagas. Limpiar las hojas de un Filodendro con un paño húmedo elimina el polvo y ayuda a la planta a respirar y a realizar la fotosíntesis.