El Aloe vera (Aloe barbadensis) es una suculenta que almacena agua en sus hojas y prefiere secarse por completo entre riegos. Riega el Aloe vera de forma profunda pero poco frecuente, dejando que las dos pulgadas superiores del sustrato se sequen completamente primero. En primavera y verano esto suele significar regar el Aloe vera cada dos o tres semanas, mientras que en invierno el intervalo a menudo se alarga a una vez al mes o menos. El exceso de riego es la causa más común de fracaso con el Aloe vera, así que ante la duda, espera unos días más antes de regar. Descarta siempre el agua que se acumule en el plato para que las raíces de tu Aloe vera nunca queden en humedad.
El Aloe vera crece mejor con luz brillante y tolera varias horas de sol directo una vez aclimatado. Coloca el Aloe vera cerca de una ventana orientada al sur o al oeste donde reciba al menos seis horas de luz intensa cada día. Una planta mantenida con poca luz se estira y palidece, así que mueve un Aloe vera alargado de forma gradual hacia un lugar más luminoso para evitar quemaduras en las hojas. Si sacas el Aloe vera al exterior en verano, aumenta la exposición al sol lentamente durante una o dos semanas. Las hojas que se vuelven de color marrón rojizo suelen indicar que el Aloe vera recibe un sol más intenso que aquel al que se ha adaptado.
La referencia citada indica que el Aloe vera (Aloe barbadensis) es tóxico para gatos y perros; la ingestión puede causar vómitos, diarrea, letargo y pérdida de apetito. Las saponinas y antraquinonas de la hoja son los compuestos que la referencia citada identifica como responsables de estos efectos en gatos y perros. Mantén el Aloe vera fuera del alcance de las mascotas, y si sospechas que un gato o un perro ha mordido la planta, contacta a un veterinario o a una línea de control de intoxicaciones en lugar de esperar a que aparezcan los síntomas. La referencia citada no describe ninguna cantidad de Aloe vera como libre de riesgo para gatos y perros. Como esta es una pregunta de toxicidad, trata la referencia citada como la única autoridad sobre lo que el Aloe vera provoca en las mascotas.
El Aloe vera necesita una mezcla de drenaje rápido, así que usa un sustrato para cactus o suculentas enriquecido con perlita adicional o arena gruesa. Planta el Aloe vera en un recipiente con orificios de drenaje, ya que el agua estancada en las raíces conduce rápidamente a la pudrición. Trasplanta el Aloe vera cada dos o tres años, o antes cuando los hijuelos llenen la maceta o las raíces asomen por los orificios de drenaje. Elige una maceta solo una talla más grande, porque un recipiente demasiado grande retiene exceso de humedad alrededor de las raíces del Aloe vera. Después del trasplante, espera alrededor de una semana antes de regar el Aloe vera para que las raíces removidas puedan cicatrizar.
Las hojas blandas, aguadas o translúcidas en un Aloe vera suelen indicar exceso de riego y el inicio de la pudrición de las raíces. Las hojas finas y curvadas, en cambio, apuntan a falta de riego, así que comprueba si el Aloe vera ha pasado demasiado tiempo sin agua. Las puntas de las hojas marrones y crujientes en el Aloe vera pueden seguir a una exposición repentina a sol directo intenso antes de que la planta se haya aclimatado. Un Aloe vera pálido, estirado y caído está buscando más luz y debe trasladarse de forma gradual a un lugar más luminoso. Si la base del Aloe vera se vuelve oscura y blanda, retira la planta, corta el tejido podrido y trasplántala en una mezcla para suculentas fresca y seca.